martes, 18 de julio de 2017

EL LLANO, LA LITERATURA

El Alma de la Patria
Es el Llano
J.M. Pérez Bonalde



Siempre he pensado que el llano venezolano comienza en Barinas. Y esto quizás sea un sentir del corazón. El deseo se estar en la parte del mundo donde mejor se admira la sabana. Donde el río pausa su aliento y se extiende sereno por la cintura del país. El que va a las tierras zamoranas y se posa en Barinitas, alarga la mirada para ver el bajo Apure o las leves montañas guariqueñas. Todo está al fondo, la anchura del llano, grandes ríos, las planicies de Cojedes y Portuguesa. Pero en Barinas, estoy seguro ahora, que allí comienza el llano venezolano.


Lo dice Don Rómulo Gallegos en “Cantaclaro”, en LA COPLA ERRANTE. “La sabana arranca del pie de la cordillera andina, se extiende anchurosa, en silencio el curso pausado de los grandes ríos solitarios que se deslizan hacia el Orinoco. Salta al otro lado de éste y en tristes planicies sembradas de rocas errátiles languidece y se entrega a la selva. Pero quien dice sabana dice el caballo y la copla. La copla errante”.


Por donde comenzar a numerar tantos volúmenes escritos sobre el Llano, la extensa llanura llanera, sin caer en un inventario de textos, que más que agregar en contenido abultan la cifra. Cómo superar el riesgo de omitir un título importante o el nombre de un autor. Es casi imposible, se hace lo que se puede, se asume la responsabilidad. Y agrego de entrada que hay autores que me han sido imposible localizar sus trabajos, y que me perdonen la ausencia en esta oportunidad, por ejemplo mi gran amigo Adolfo Rodríguez o José Natalio Estrada, sucesivamente uno del Guárico, el otro Apureño. En esto me respaldo en un verso de Enriqueta Arvelo Larriva: ”Yo no sé buscar nada. Lo que no encuentro por sorpresa, no lo obtengo”.


Pero bien, como decía Dámaso Figueredo en los Cantares del Llano “la soga que se revienta corriendo mismo se empata”.


Formalmente diríamos que nuestra literatura llanera tiene sus inicios en la “Alocución a la Poesía” y “La Silva a la Agricultura de Zona Tórrida” de Don Andrés Bello, continuado por Francisco Lazo Martí, en su mayor expresión. Pero, aunque insólito, lo que voy a referir.

“Extraño por decir lo menos, nos parece que la historia de nuestra literatura no comience con los nombres de nuestros poetas aborígenes”, y en el universo llanero tenemos grandes vestigios de las culturas de los primeros pobladores. Hasta muy reciente eran los grandes ausentes. Esta visión se corrobora cuando echamos una mirada a cualquier antología de la poesía venezolana. Desde la más antigua hasta la más contemporánea, ausentes estarán en ellas las literaturas indígenas, sean estas de origen oral y resultantes de un colectivo, como lo han sido tradicionalmente y lo siguen siendo en muchos casos, o de carácter individual, porque al expresarse por esa vía tienen ya el derecho los habitantes de esas comunidades, puesto que la transculturación —o cualquier otro nombre que quiera dársele a este proceso de interculturalidad— es un hecho tan indudable como indetenible.


Sin embargo existe alguna biografía dispersa, algunos investigadores que en el pasado se ocuparon de este asunto: Gilberto Antolinez “Hacia el indio y su mundo”, publicado en 1946; Fray Cesáreo de Armellada “Literaturas Indígenas Venezolanas”, 1975; Arístides Rojas “Estudios indígenas”, y más reciente “Muestra Poética”, editado por el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, 1999; “Costado Indio” de Gustavo Pereira, editado por la Biblioteca Ayacucho, 2001. Siendo este trabajo uno de los más serios y completos realizados sobre el hacer literario de nuestros indígenas venezolanos.


Para el hombre que espera

es la luna,

el sol para la canoa

que remonta el río.

Y para los hombres todos de la selva

es el agua.

Pero la mariposa roja es para Merica.

Merica es la niña que amo.

Merica que recoge la yuca,

Y tusta las tortas de casabe.

Merica es luna, sol, agua, mariposa.

Si tú me miras

Si tú me miras

Soy una mariposa roja.

Si me hablas,

Soy el perro que escucha.

Si me amas,

soy la flor que me entibia

en tus cabellos.

Si me rechazas, soy una canoa vacía,

arrastrada por los ríos

y que las piedras destrozan.



Espero que esta breve pero hermosa muestra nos acerque el interés por nuestros primigenios poetas y cuentistas, los indígenas.


Retomando la formalidad diríamos que nuestra literatura llanera tienes sus inicios en la “Alocución a la Poesía” y la “Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida” de Don Andrés Bello, es un llamado a la inspiración a encontrarse con la naturaleza americana. Y uno de nuestros grandes poetas, Francisco lazo Martí en su natural reacción antimodernista, escucha el llamado que venía resonando en la poesía de Bello y se deja llevar por la tendencia nacionalista, publica su “Silva Criolla” en los talleres tipográficos de El Cojo Ilustrado en 1901, exactamente está cumpliendo cien años, lo que pudiéramos llamar, el manifiesto de la poesía llanera.


A los poetas del viejo nativismo les va a salir el representante del nuevo nativismo cuando en 1928, el joven barinés, Alberto Arvelo Torrealba publica “Música de Cuatro”, aparecido en 1933, que la poesía de Arvelo Torrealba va a adquirir su verdadera significación. Porque con “Cantas”, en palabras de Huberto Cuenca, “El paisaje del joropo y el corío va a tener puerta de entrada en nuestra literatura culta”.


Creo que estamos en la presencia de un poeta que poseyó la esencia del ser llanero, la voz del lanero, lo reflexivo, lo existencial, la soledad profunda, la angustia del poeta ante el mundo. La vida y la muerte. Además de un acertado manejo de nuestra lengua y formalmente un gran conocedor de nuestras preceptivas literarias. Y palabreando al poeta “Ese llegar al corazón del pueblo”. “Glosas del cancionero”, 1940. “Florentino y el Diablo”, 1940-1957. “Caminos que Andan”, 1952, cierran su producción.


Enriqueta Arvelo Larriva desde Barinitas le da una mirada al Llano, con una poética profunda sobre el paisaje humano y desolado de la llanura inmensa, siempre entre el verdor y la candela. Su música inédita como el viento que sonaba “largamente en los alambres”. Desde un principio supo que ser poeta en Barinas era de una altísima responsabilidad, que este espacio era tierra de poetas. Cultivó su lenguaje, afinó el oído hasta alcanzar una voz propia, particular. Hasta saberse la voz más contemporánea de nuestros coterráneos, una de las voces femeninas, más importante de la poesía venezolana hasta nuestros días. Entre sus títulos “El Cristal Nervioso”, 1922/1930; “Voz Aislada”, 1930/1939; “Mandato del Canto”, 1944/1946; “Poemas Perseverantes”, 1947/1960.


El río

El río está tibio

como mi piel

y sabe bañarme el alma.

Juega conmigo a hogar mi hondura,

nervudo de culebra de sol.

No se parece el río a aquellos ojos quietos que no quise.



 “No sabe usted Barrios Cruz, qué lectura ha sido para mí, la de su libro. Esa es poesía americana auténtica, sabiendo a nuestros limos, exhalando nuestro suelo”. Palabras de Gabriela Mistral, poeta chilena premio nobel de literatura, para el libro “Respuestas a las piedras”, 1931, del poeta calaboceño, Luis Barrios Cruz. Poesía de espejo sobre cuya superficie caen los soles intensos de las sabanas guariqueñas, tanto en las temporadas de lluvias o en verano, esta superficie del llano es un resplandor.


Cuando el caballo se para

Por la tostada llanura

es el camino el que viaja.

Mira como sigue solo cuando el caballo se para.

Caminito, caminito,

¿quién te dio tanta sabana,

y quien te dio tanta pierna,

caminito que no te cansas?

Me voy a morir de anhelo,

si me niegas sus audacias:

camino que sigues solo.



“Por aquí pasó Zamora”, “Maisanta”, “Tierra de Marqueses”, “El Tigre de Guató”, “Los vencidos”, son algunos de los títulos que conforman la amplia bibliografía escrita por el médico y escritor José León Tapia, barinés, quien ha dedicado gran parte de su vida a novelar la historia no oficial de grandes personajes de nuestros llanos. De uno de sus libros se expresa el periodista José Vicente Rangel “… En cada pueblo del llano reconstruye un episodio; cada anciano le comunica una vivencia personal. Una sabana, un río, una casa, una calle guarda vinculación con el personaje que ama la libertad en su sentido más elemental; con una vaga concepción de pueblo, con un rechazo natural a la autoridad opresora”. José León Tapia es uno de nuestros grandes novelistas que ha puesto su escritura al rescate de un sentimiento común en nuestros pueblos, los héroes que luchan contra las más recientes tiranías del país.


En este mes de septiembre muere nuestro último dictador el General Pérez Jiménez quien en más de una oportunidad le hiciera la vida imposible a uno de los escritores que publicara una de las novelas más realistas sobre la tortura en Venezuela, él se llamó José Antonio Abreu. Apureño, y una de estas novelas ”Se llamaba S.N”, así es el título “Se llamaba S:N” y la otra “Guasina”, el nombre de la policía más cruel y la cárcel más dura del país. Después de tanta cárcel y tanto exilio, Abreu escribe y publica “Toma mi lanza bañada de sangre” y “Palabreus”, dos hermosas obras donde narra el testimonio de su gente en el llano, las faenas de trabajo y vida, los trances, miedos y temores de las sabanas apureñas, su vida y su entorno. En algunas páginas de “Palabreus” leemos esta reflexión: “Significa que se los tragó la tierra, la soledad del llano, ese mundo pelado que se llena de mastranto”.


Entre narradores y testimonios “Acento de Cabalgadura” la única novela que ha publicado Enrique Mujica. Guariqueño de San Juan de los Morros, donde recoge cuarenta y tres relatos, producto de la oralidad de su padre, quien va reconstruyendo toda una vida de andar por los llanos, de sus experiencias de vida o préstamos de vida. Amena historia contada con mucha fuerza y mucho humor, lenguaje preciso, poético, de magia y sabiduría que nos reúne en una lectura lo que está entre el horizonte y el hombre, la voz. “Vaquería” se llama el libro de Enrique Mujica y vale mencionarlo por dos razones de peso, es un libro bien escrito, con un extraordinario manejo del castellano y una excelente poética llanera.


En “la ruleta”, primer relato de “Acento de Cabalgadura” leemos: “En veces me pongo a pensá en las vueltas que da uno pa quedá ande mismo. Porque uno anda como el perdío, o como los bueyes de los trapiches, en redondo. Como si le estorbaran los caminos de siempre, los mismos trillos. Uno ve que los bichos se acostumbran a un punto y a un rumbo y de ai no salen. A lo mejor si uno fuera un bicho, una res, una bestia, hiciera lo mismo. Pero no, uno siente que le comen los pies y sale y empata camino con camino, para na, para llegar ande mismo”.


De tantos libros sobre crónicas del Llano voy a resaltar uno interesante, de Pedro Díaz Seijas. “Crónicas del Guárico”, prologado por Adolfo Rodríguez: Donde su autor reflexiona sobre su entorno en el texto “el viejo llano”: “Aquel llanero sagaz y hablador, taimado e inteligente que muchos conocen a través de las páginas que escribiera Rómulo Gallegos, se ha ido extinguiendo. Y ese paisaje y esa tradición que ya sólo vive en la leyenda, han dejado de ser venero de inspiración, símbolo de fuerte raigambre en el propio corazón del llanero”.


A veces de una extensa obra nos toca elogiar un poema, sobre todo ahora que nos ocupa el Llano y su literatura o la literatura sobre el Llano. Este es el caso de un gran poeta que ocupara parte de su vida a la diplomacia, a las traducciones literarias de otras lenguas, Rafael Ángel Insausti, barines con una obra bastante reconocida. “El paisaje que de preferencia es el de nuestros llanos, el de la extensa y desolada pampa venezolana, cuya visión acompañó al poeta desde su niñez”. Pero distanciado del superficial referente popular tan de moda en su infancia, el tiempo que se acomoda en los giros innovadores de algunos poetas contemporáneos suyos.


Río Suripa

Sereno

como en el mapa.

Engañador; Malévolo.

Cómplice suyo la garza

con la mala intención

Emboscada en el sueño alerta -allá arriba-

sobre el equilibrio de una sola para…



Ángel Eduardo Acevedo, nativo de Garcita en el Estado Guárico, músico y compositor; poeta reconocido por su alto vuelo poético, siempre su voz dispuesta para decir en el mejor tono la esencia del ser llanero. Toda su escritura pertenece al Llano, aunque yo no tengo manera para justificar el título que contiene su creación “Mont Everes”.



Jesús Enrique Guédez y “El gran poder”, los dos, libro y autor, son de Puerto Nutrias, pueblo barinés, inmortalizado por la fina escritura de este poeta, poesía del agua y la memoria. Donde un solo sentimiento traza la existencia de un pueblo, un río y un hombre.


Antes de agregar a otro nativo, poeta, narrador, coplero, etc., me abro espacio para nombrar a Luis Alberto Crespo, poeta y ensayista. Nacido en otra región ha escrito una gran poesía y muchas páginas de ensayos sobre el Llano, su gran pasión. En alguna oportunidad reunió la poesía venezolana sobre el caballo, en una antología, amén de su obra particular: “Resolana”, “Entreabierto”, “Señores de la distancia”. “Lado”, “Ninguno como la espina” donde vuelve el resplandor de Calabozo, los caminos de nadie en tanta soledad, ingrimitud, ese entorno donde la tortolita al mediodía hace de la sombra un espacio sagrado y la perdiz es un referente poético para crecerse entre nosotros y apostarse entre los nuestros.


En el contexto mayor, la literatura venezolana, durante muchas décadas estuvo sustentada por una constante: espejismo o soledad. Todo ha sido siempre la sequía. El hombre llanero existe en función del caballo, y la lejanía cuenta en función de la tierra y no del río. Esta observación del espacio mustio, estatizado, al fondo en el horizonte parece detener la creación, la vida, produciendo igual sensación de finitud donde las horas lentamente se resbalan, que da igual transitar que estar parado, en el espasmo, donde la soledad, el silencio y la lejanía en el llano “paran” el tiempo. En este universo la presencia desde antaño del caballo y su jinete, suelen borrar ese espejismo que se extiende al mediodía y llegar al límite de sí mismo, a su propia medida en el amplio desierto.


Sobre la tierra la palma,

Sobre la palma los cielos,

Sobre mi caballo yo                

Y sobre yo mi sombrero.



Son tantas y tan buenas las coplas venezolanas que requieren de un trabajo exclusivo y profundo. Sólo voy a mencionar un libro interesante, un tanto opacado por la cercanía con los trabajos de Alberto Arvelo Torrealba, “Viento Barinés” escrito a dos manos por Luis Alberto Angulo Urdaneta y Luis Alberto Ribas. De Angulo Urdaneta es también “El Llano y los llaneros” prosa abierta como la sabana, donde recoge la experiencia de un gran conocedor de las labores diarias, la sicología, costumbres y proezas del entorno.


La poesía ha abarcado mayor espacio dentro del mundo real de la literatura sobre el llano. Quizá goza de ventajismo y complicidad por el autor de esta reseña y como tal para no dejar duda voy a cerrar con dos autores apureños, Alberto José Pérez quien ha hecho de la familia, del recuerdo de la tierra, un recurso importante para impostar la voz, que se oiga desde Barinas hasta San Fernando. La fotografía paterna, los baúles permanentes en la memoria, la cocina materna, los aleros, cuartos y ventanas son recursos del aliento poético en su obra.


Igor Barreto con tres libros importantísimos: “Crónicas Llanas”, “Tierra Negra” y “Carama”, ha hecho su escritura innovadora, por cuanto ha variado la postura centrada sobre la sequía, espejismo o soledad como elementos fundamentales de las literaturas llaneras. Ahora en la obra de Igor Barreto el paisaje es el de adentro, en la estación de lluvia, la visión de un hombre contemplativo, que fue despertando desde la infancia un afinamiento por las aguas, por aquellas que vienen atravesando el llano.


Dejo nombres, previstos para otro encuentro. Efraín Hurtado con su libro “Escampo”; Isaías Medina López, su obra literaria y su ejercicio editorial, los concursos literarios El llano y sus fantasmas. El poeta Daniel Suarez Hermoso, Miguel Pérez, Juan Villaquirán, los nombro para oírlos sonar el recuerdo. Tibisay Vargas, Juan Jhero Montilla, a Argenis Rodríguez. Hay que ajustar cuenta con los grupos literarios, recuerdo a “Humo y Trabajo” en el Apure. “Nuevo Tramo” y “Círculo de escritores” en Cojedes, entre otros. En el teatro a Ramón Lameda en Barinas y a Suarez Hermoso en Cojedes. Tengo la responsabilidad con el Ensayo y la Crítica sobre la llaneridad. Carmen Mannarino y sus personajes llaneros. Víctor Sánchez Marcano, Humberto Febres “En Negra orilla del mundo”, interesante trabajo. Yarisma Unda y “Lo llanero en tres aproximaciones”. Wladimir Ruiz, Humberto Febres una Cosmovisión y Nelson Alí Montiel “La imaginación símbolo en la cultura llanera”. “Por la ceja de monte”, y mi buen amigo Adolfo Rodríguez y su trabajo ensayístico. También presentaré algo sobre Rómulo Gallegos, claro está que para completar esta reseña sobre la literatura del llano, comprometida con la llaneridad, asumo de Rigoberto Lanz, hay que asistir a varios encuentros sobre el llano.
                                                                                          
Arismendi, 27-06-2016
Adhely Rivero

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