El
Alma de la Patria
Es
el Llano
J.M.
Pérez Bonalde
Siempre he pensado que el llano
venezolano comienza en Barinas. Y esto quizás sea un sentir del corazón. El
deseo se estar en la parte del mundo donde mejor se admira la sabana. Donde el
río pausa su aliento y se extiende sereno por la cintura del país. El que va a
las tierras zamoranas y se posa en Barinitas, alarga la mirada para ver el bajo
Apure o las leves montañas guariqueñas. Todo está al fondo, la anchura del
llano, grandes ríos, las planicies de Cojedes y Portuguesa. Pero en Barinas,
estoy seguro ahora, que allí comienza el llano venezolano.
Lo dice Don Rómulo Gallegos en
“Cantaclaro”, en LA COPLA ERRANTE. “La sabana arranca del pie de la cordillera
andina, se extiende anchurosa, en silencio el curso pausado de los grandes ríos
solitarios que se deslizan hacia el Orinoco. Salta al otro lado de éste y en
tristes planicies sembradas de rocas errátiles languidece y se entrega a la
selva. Pero quien dice sabana dice el caballo y la copla. La copla errante”.
Por donde comenzar a numerar tantos
volúmenes escritos sobre el Llano, la extensa llanura llanera, sin caer en un
inventario de textos, que más que agregar en contenido abultan la cifra. Cómo
superar el riesgo de omitir un título importante o el nombre de un autor. Es
casi imposible, se hace lo que se puede, se asume la responsabilidad. Y agrego
de entrada que hay autores que me han sido imposible localizar sus trabajos, y
que me perdonen la ausencia en esta oportunidad, por ejemplo mi gran amigo
Adolfo Rodríguez o José Natalio Estrada, sucesivamente uno del Guárico, el otro
Apureño. En esto me respaldo en un verso de Enriqueta Arvelo Larriva: ”Yo no sé
buscar nada. Lo que no encuentro por sorpresa, no lo obtengo”.
Pero bien, como decía Dámaso
Figueredo en los Cantares del Llano “la soga que se revienta corriendo mismo se
empata”.
Formalmente diríamos que nuestra
literatura llanera tiene sus inicios en la “Alocución a la Poesía” y “La Silva
a la Agricultura de Zona Tórrida” de Don Andrés Bello, continuado por Francisco
Lazo Martí, en su mayor expresión. Pero, aunque insólito, lo que voy a referir.
“Extraño por decir lo menos, nos
parece que la historia de nuestra literatura no comience con los nombres de
nuestros poetas aborígenes”, y en el universo llanero tenemos grandes vestigios
de las culturas de los primeros pobladores. Hasta muy reciente eran los grandes
ausentes. Esta visión se corrobora cuando echamos una mirada a cualquier
antología de la poesía venezolana. Desde la más antigua hasta la más
contemporánea, ausentes estarán en ellas las literaturas indígenas, sean estas
de origen oral y resultantes de un colectivo, como lo han sido tradicionalmente
y lo siguen siendo en muchos casos, o de carácter individual, porque al
expresarse por esa vía tienen ya el derecho los habitantes de esas comunidades,
puesto que la transculturación —o cualquier otro nombre que quiera dársele a
este proceso de interculturalidad— es un hecho tan indudable como indetenible.
Sin embargo existe alguna biografía
dispersa, algunos investigadores que en el pasado se ocuparon de este asunto:
Gilberto Antolinez “Hacia el indio y su mundo”, publicado en 1946; Fray Cesáreo
de Armellada “Literaturas Indígenas Venezolanas”, 1975; Arístides Rojas
“Estudios indígenas”, y más reciente “Muestra Poética”, editado por el
Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de
Carabobo, 1999; “Costado Indio” de Gustavo Pereira, editado por la Biblioteca
Ayacucho, 2001. Siendo este trabajo uno de los más serios y completos
realizados sobre el hacer literario de nuestros indígenas venezolanos.
Para el hombre que espera
es la luna,
el sol para la canoa
que remonta el río.
Y para los hombres todos de la
selva
es el agua.
Pero la mariposa roja es para
Merica.
Merica es la niña que amo.
Merica que recoge la yuca,
Y tusta las tortas de casabe.
Merica es luna, sol, agua,
mariposa.
Si tú me miras
Si tú me miras
Soy una mariposa roja.
Si me hablas,
Soy el perro que escucha.
Si me amas,
soy la flor que me entibia
en tus cabellos.
Si me rechazas, soy una canoa
vacía,
arrastrada por los ríos
y que las piedras destrozan.
Espero que esta breve pero hermosa
muestra nos acerque el interés por nuestros primigenios poetas y cuentistas,
los indígenas.
Retomando la formalidad diríamos
que nuestra literatura llanera tienes sus inicios en la “Alocución a la Poesía”
y la “Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida” de Don Andrés Bello, es un
llamado a la inspiración a encontrarse con la naturaleza americana. Y uno de
nuestros grandes poetas, Francisco lazo Martí en su natural reacción
antimodernista, escucha el llamado que venía resonando en la poesía de Bello y
se deja llevar por la tendencia nacionalista, publica su “Silva Criolla” en los
talleres tipográficos de El Cojo Ilustrado en 1901, exactamente está cumpliendo
cien años, lo que pudiéramos llamar, el manifiesto de la poesía llanera.
A los poetas del viejo nativismo
les va a salir el representante del nuevo nativismo cuando en 1928, el joven
barinés, Alberto Arvelo Torrealba publica “Música de Cuatro”, aparecido en
1933, que la poesía de Arvelo Torrealba va a adquirir su verdadera
significación. Porque con “Cantas”, en palabras de Huberto Cuenca, “El paisaje
del joropo y el corío va a tener puerta de entrada en nuestra literatura
culta”.
Creo que estamos en la presencia de
un poeta que poseyó la esencia del ser llanero, la voz del lanero, lo
reflexivo, lo existencial, la soledad profunda, la angustia del poeta ante el
mundo. La vida y la muerte. Además de un acertado manejo de nuestra lengua y
formalmente un gran conocedor de nuestras preceptivas literarias. Y palabreando
al poeta “Ese llegar al corazón del pueblo”. “Glosas del cancionero”, 1940.
“Florentino y el Diablo”, 1940-1957. “Caminos que Andan”, 1952, cierran su producción.
Enriqueta Arvelo Larriva desde
Barinitas le da una mirada al Llano, con una poética profunda sobre el paisaje
humano y desolado de la llanura inmensa, siempre entre el verdor y la candela.
Su música inédita como el viento que sonaba “largamente en los alambres”. Desde
un principio supo que ser poeta en Barinas era de una altísima responsabilidad,
que este espacio era tierra de poetas. Cultivó su lenguaje, afinó el oído hasta
alcanzar una voz propia, particular. Hasta saberse la voz más contemporánea de
nuestros coterráneos, una de las voces femeninas, más importante de la poesía
venezolana hasta nuestros días. Entre sus títulos “El Cristal Nervioso”,
1922/1930; “Voz Aislada”, 1930/1939; “Mandato del Canto”, 1944/1946; “Poemas
Perseverantes”, 1947/1960.
El río
El río está tibio
como mi piel
y sabe bañarme el alma.
Juega conmigo a hogar mi hondura,
nervudo de culebra de sol.
No se parece el río a aquellos ojos
quietos que no quise.
“No sabe usted Barrios Cruz, qué lectura ha
sido para mí, la de su libro. Esa es poesía americana auténtica, sabiendo a
nuestros limos, exhalando nuestro suelo”. Palabras de Gabriela Mistral, poeta
chilena premio nobel de literatura, para el libro “Respuestas a las piedras”,
1931, del poeta calaboceño, Luis Barrios Cruz. Poesía de espejo sobre cuya
superficie caen los soles intensos de las sabanas guariqueñas, tanto en las
temporadas de lluvias o en verano, esta superficie del llano es un resplandor.
Cuando el caballo se para
Por la tostada llanura
es el camino el que viaja.
Mira como sigue solo cuando el
caballo se para.
Caminito, caminito,
¿quién te dio tanta sabana,
y quien te dio tanta pierna,
caminito que no te cansas?
Me voy a morir de anhelo,
si me niegas sus audacias:
camino que sigues solo.
“Por aquí pasó Zamora”, “Maisanta”, “Tierra de
Marqueses”, “El Tigre de Guató”, “Los vencidos”, son algunos de los títulos que
conforman la amplia bibliografía escrita por el médico y escritor José León
Tapia, barinés, quien ha dedicado gran parte de su vida a novelar la historia
no oficial de grandes personajes de nuestros llanos. De uno de sus libros se
expresa el periodista José Vicente Rangel “… En cada pueblo del llano reconstruye
un episodio; cada anciano le comunica una vivencia personal. Una sabana, un
río, una casa, una calle guarda vinculación con el personaje que ama la
libertad en su sentido más elemental; con una vaga concepción de pueblo, con un
rechazo natural a la autoridad opresora”. José León Tapia es uno de nuestros
grandes novelistas que ha puesto su escritura al rescate de un sentimiento
común en nuestros pueblos, los héroes que luchan contra las más recientes
tiranías del país.
En este mes de septiembre muere
nuestro último dictador el General Pérez Jiménez quien en más de una
oportunidad le hiciera la vida imposible a uno de los escritores que publicara
una de las novelas más realistas sobre la tortura en Venezuela, él se llamó
José Antonio Abreu. Apureño, y una de estas novelas ”Se llamaba S.N”, así es el
título “Se llamaba S:N” y la otra “Guasina”, el nombre de la policía más cruel
y la cárcel más dura del país. Después de tanta cárcel y tanto exilio, Abreu
escribe y publica “Toma mi lanza bañada de sangre” y “Palabreus”, dos hermosas
obras donde narra el testimonio de su gente en el llano, las faenas de trabajo
y vida, los trances, miedos y temores de las sabanas apureñas, su vida y su
entorno. En algunas páginas de “Palabreus” leemos esta reflexión: “Significa que
se los tragó la tierra, la soledad del llano, ese mundo pelado que se llena de
mastranto”.
Entre narradores y testimonios
“Acento de Cabalgadura” la única novela que ha publicado Enrique Mujica.
Guariqueño de San Juan de los Morros, donde recoge cuarenta y tres relatos,
producto de la oralidad de su padre, quien va reconstruyendo toda una vida de
andar por los llanos, de sus experiencias de vida o préstamos de vida. Amena
historia contada con mucha fuerza y mucho humor, lenguaje preciso, poético, de
magia y sabiduría que nos reúne en una lectura lo que está entre el horizonte y
el hombre, la voz. “Vaquería” se llama el libro de Enrique Mujica y vale
mencionarlo por dos razones de peso, es un libro bien escrito, con un
extraordinario manejo del castellano y una excelente poética llanera.
En “la ruleta”, primer relato de
“Acento de Cabalgadura” leemos: “En veces me pongo a pensá en las vueltas que
da uno pa quedá ande mismo. Porque uno anda como el perdío, o como los bueyes
de los trapiches, en redondo. Como si le estorbaran los caminos de siempre, los
mismos trillos. Uno ve que los bichos se acostumbran a un punto y a un rumbo y
de ai no salen. A lo mejor si uno fuera un bicho, una res, una bestia, hiciera
lo mismo. Pero no, uno siente que le comen los pies y sale y empata camino con
camino, para na, para llegar ande mismo”.
De tantos libros sobre crónicas del
Llano voy a resaltar uno interesante, de Pedro Díaz Seijas. “Crónicas del
Guárico”, prologado por Adolfo Rodríguez: Donde su autor reflexiona sobre su entorno
en el texto “el viejo llano”: “Aquel llanero sagaz y hablador, taimado e
inteligente que muchos conocen a través de las páginas que escribiera Rómulo
Gallegos, se ha ido extinguiendo. Y ese paisaje y esa tradición que ya sólo
vive en la leyenda, han dejado de ser venero de inspiración, símbolo de fuerte
raigambre en el propio corazón del llanero”.
A veces de una extensa obra nos
toca elogiar un poema, sobre todo ahora que nos ocupa el Llano y su literatura
o la literatura sobre el Llano. Este es el caso de un gran poeta que ocupara
parte de su vida a la diplomacia, a las traducciones literarias de otras
lenguas, Rafael Ángel Insausti, barines con una obra bastante reconocida. “El
paisaje que de preferencia es el de nuestros llanos, el de la extensa y desolada
pampa venezolana, cuya visión acompañó al poeta desde su niñez”. Pero
distanciado del superficial referente popular tan de moda en su infancia, el
tiempo que se acomoda en los giros innovadores de algunos poetas contemporáneos
suyos.
Río Suripa
Sereno
como en el mapa.
Engañador; Malévolo.
Cómplice suyo la garza
con la mala intención
Emboscada en el sueño alerta -allá
arriba-
sobre el equilibrio de una sola
para…
Ángel Eduardo Acevedo, nativo de
Garcita en el Estado Guárico, músico y compositor; poeta reconocido por su alto
vuelo poético, siempre su voz dispuesta para decir en el mejor tono la esencia
del ser llanero. Toda su escritura pertenece al Llano, aunque yo no tengo
manera para justificar el título que contiene su creación “Mont Everes”.
Jesús Enrique Guédez y “El gran
poder”, los dos, libro y autor, son de Puerto Nutrias, pueblo barinés,
inmortalizado por la fina escritura de este poeta, poesía del agua y la
memoria. Donde un solo sentimiento traza la existencia de un pueblo, un río y
un hombre.
Antes de agregar a otro nativo,
poeta, narrador, coplero, etc., me abro espacio para nombrar a Luis Alberto
Crespo, poeta y ensayista. Nacido en otra región ha escrito una gran poesía y
muchas páginas de ensayos sobre el Llano, su gran pasión. En alguna oportunidad
reunió la poesía venezolana sobre el caballo, en una antología, amén de su obra
particular: “Resolana”, “Entreabierto”, “Señores de la distancia”. “Lado”,
“Ninguno como la espina” donde vuelve el resplandor de Calabozo, los caminos de
nadie en tanta soledad, ingrimitud, ese entorno donde la tortolita al mediodía
hace de la sombra un espacio sagrado y la perdiz es un referente poético para
crecerse entre nosotros y apostarse entre los nuestros.
En el contexto mayor, la literatura
venezolana, durante muchas décadas estuvo sustentada por una constante:
espejismo o soledad. Todo ha sido siempre la sequía. El hombre llanero existe
en función del caballo, y la lejanía cuenta en función de la tierra y no del
río. Esta observación del espacio mustio, estatizado, al fondo en el horizonte
parece detener la creación, la vida, produciendo igual sensación de finitud
donde las horas lentamente se resbalan, que da igual transitar que estar
parado, en el espasmo, donde la soledad, el silencio y la lejanía en el llano
“paran” el tiempo. En este universo la presencia desde antaño del caballo y su
jinete, suelen borrar ese espejismo que se extiende al mediodía y llegar al
límite de sí mismo, a su propia medida en el amplio desierto.
Sobre la tierra la palma,
Sobre la palma los cielos,
Sobre mi caballo yo
Y sobre yo mi sombrero.
Son tantas y tan buenas las coplas
venezolanas que requieren de un trabajo exclusivo y profundo. Sólo voy a
mencionar un libro interesante, un tanto opacado por la cercanía con los
trabajos de Alberto Arvelo Torrealba, “Viento Barinés” escrito a dos manos por
Luis Alberto Angulo Urdaneta y Luis Alberto Ribas. De Angulo Urdaneta es
también “El Llano y los llaneros” prosa abierta como la sabana, donde recoge la
experiencia de un gran conocedor de las labores diarias, la sicología,
costumbres y proezas del entorno.
La poesía ha abarcado mayor espacio
dentro del mundo real de la literatura sobre el llano. Quizá goza de ventajismo
y complicidad por el autor de esta reseña y como tal para no dejar duda voy a
cerrar con dos autores apureños, Alberto José Pérez quien ha hecho de la
familia, del recuerdo de la tierra, un recurso importante para impostar la voz,
que se oiga desde Barinas hasta San Fernando. La fotografía paterna, los baúles
permanentes en la memoria, la cocina materna, los aleros, cuartos y ventanas
son recursos del aliento poético en su obra.
Igor Barreto con tres libros
importantísimos: “Crónicas Llanas”, “Tierra Negra” y “Carama”, ha hecho su
escritura innovadora, por cuanto ha variado la postura centrada sobre la
sequía, espejismo o soledad como elementos fundamentales de las literaturas
llaneras. Ahora en la obra de Igor Barreto el paisaje es el de adentro, en la
estación de lluvia, la visión de un hombre contemplativo, que fue despertando
desde la infancia un afinamiento por las aguas, por aquellas que vienen
atravesando el llano.
Dejo nombres, previstos para otro
encuentro. Efraín Hurtado con su libro “Escampo”; Isaías Medina López, su obra
literaria y su ejercicio editorial, los concursos literarios El llano y sus
fantasmas. El poeta Daniel Suarez Hermoso, Miguel Pérez, Juan Villaquirán, los
nombro para oírlos sonar el recuerdo. Tibisay Vargas, Juan Jhero Montilla, a
Argenis Rodríguez. Hay que ajustar cuenta con los grupos literarios, recuerdo a
“Humo y Trabajo” en el Apure. “Nuevo Tramo” y “Círculo de escritores” en
Cojedes, entre otros. En el teatro a Ramón Lameda en Barinas y a Suarez Hermoso
en Cojedes. Tengo la responsabilidad con el Ensayo y la Crítica sobre la
llaneridad. Carmen Mannarino y sus personajes llaneros. Víctor Sánchez Marcano,
Humberto Febres “En Negra orilla del mundo”, interesante trabajo. Yarisma Unda
y “Lo llanero en tres aproximaciones”. Wladimir Ruiz, Humberto Febres una
Cosmovisión y Nelson Alí Montiel “La imaginación símbolo en la cultura
llanera”. “Por la ceja de monte”, y mi buen amigo Adolfo Rodríguez y su trabajo
ensayístico. También presentaré algo sobre Rómulo Gallegos, claro está que para
completar esta reseña sobre la literatura del llano, comprometida con la
llaneridad, asumo de Rigoberto Lanz, hay que asistir a varios encuentros sobre
el llano.
Arismendi, 27-06-2016
Adhely Rivero