sábado, 20 de agosto de 2016

EL CHIMO: UNA DROGA QUE ACORTA LA VIDA

El chimó es una droga extraída de las hojas secas del tabaco. En un caldero se colocan las hojas con suficiente agua y se les somete a un hervor lento pero sostenido, hasta que aparece una mezcla negruzca y maleable, semejante en consistencia al melado; cuando ha quedado casi totalmente deshidratada se deja enfriar para después guardarla, o por el contrario, se procede de inmediato a su respectivo aliñamiento, que cosiste en agregarle una serie de ingredientes que la pueden hacer más fuerte o más suave según el gusto del consumidor.

Posteriormente se envasa en pequeños recipientes para su comercialización; se le aplica una etiqueta con un nombre, por lo general muy sugestivo. Por ejemplo: chimó el verraco, la raya, el temblador etc., y se lanza al mercado para su distribución y venta. Es todo un negocio en los cinco Estados llaneros de Venezuela y más allá de sus fronteras.

El consumidor se coloca el chimó, por lo general en una muela y allí permanece diez, quince o veinte minutos, según la cantidad. El chiste consiste en irlo escupiendo lentamente hasta que se agota, dejando en el cuerpo la sensación de no estar pegado a la tierra, con una especie de somnolencia que puede llegar a la borrachera, si no se es un consumidor experimentado.

El chimó genera en el individuo una dependencia tanto física como psicológica, y al adicto le resulta muy difícil dejar el vicio, y en caso de que lo logre, es después de muchos intentos infructuosos. Ahora expondré mis observaciones, que he ido recogiendo a lo largo de los años, y con la autoridad que me lo permite el hecho de que yo en una época fui un mascador empedernido.

Todos los consumidores tienen parasitosis intestinal, sin excepción. La extracción de la cajeta se hace por lo general, con la punta del dedo índice; otros lo muerden o lo sacan con una pequeña astilla. Debajo de las uñas se alojan, entre la mucha suciedad, miles de huevos de parásitos, sin mencionar los que acuden al baño y no se lavan las manos.

El chimó desprotege al estómago del efecto alcalino de la saliva, que contribuye a inhibir la acidez excesiva. Este desperdicio de saliva puede inducir o facilitar la gastritis, aunado a la pérdida del apetito en la mayoría de los adictos. También se absorbe en considerable cantidad a través de la mucosa sublingual, con la mayoría de los componentes nocivos del tabaco, incluyendo la nicotina; entra al torrente sanguíneo, luego a las neuronas, enervando la mente, debilitando la inteligencia y menguando los reflejos. A los consumidores de la droga se les hace difícil dilucidar problemas, asimilar nuevas enseñanzas y crear ideas innovadoras. A nivel fisiológico causa un aceleramiento casi imperceptible, pero real, de los latidos del corazón, contribuyendo a una vejez prematura y deterioro visible en todo el organismo. Un adicto que muera a los ochenta años, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que ha podido vivir hasta los noventa y cinco, y más años. Así de sencillo: él le quita a su aliado al menos diez años de vida. Yo lo llamo el vicio de la muerte lenta, que siempre cobra una víctima prematuramente.

Si deseamos comprobar el daño que el chimó ejerce sobre el corazón, podemos realizar dos pruebas muy convincentes. Le tomamos el pulso y la tensión arterial a un masca chimó; luego le pedimos que se coloque en la boca una pequeña ración del potencial veneno; diez minutos después le tomamos el pulso y la tensión, y con toda seguridad estos valores habrán aumentado. El pulso que ha podido estar en 65 latidos por minuto alcanzará la cifra de 85 y más. La tensión que también ha podido estar el 120-80 mmHg (milímetros de Mercurio) puede fácilmente llegar a 135-85(90) mmHg. Y estos valores suben en tan sólo diez minutos y estando la persona en reposo.

Se ha comprobado que una persona que empieza a mascar chimó a los veinte años, diez años después presenta una leve hinchazón del corazón, que seguirá en aumento si el vicio no se detiene. La prueba es muy sencilla. Al inicio se toma una Rayos X, y la otra, diez años después. La diferencia en el tamaño es notable.


Arismendi, 03-06-2009
Zordy Rivero, Cronista

lunes, 15 de agosto de 2016

EL GINSENG: UNA MEDICINA DE LA VITALIDAD

Con frecuencia hemos oído hablar de las siete maravillas del mundo; yo a mis amigos les hago la pregunta siguiente: ¿Cuáles son las siete profesiones que el que se mete no se sale jamás? Casi siempre me responden una: la profesión de médico, y es cierto, el médico jamás deja de ejercer su profesión (con raras excepciones) hasta el último día de su existencia. Podríamos hacernos una pregunta similar pero relacionada con las plantas medicinales, y les aseguro que el ginseng tendría reservado un lugar privilegiado en esa pequeña lista.

Algunos habitantes de la India, y otros países del Oriente, de donde procede el ginseng, le tienen tanta fe que la toman de manera regular durante tres meses del año, para asegurarse una vejez saludable y pródiga. Sin duda su fama en el mundo entero se debe en gran parte a su poder afrodisíaco. Pero ¿cómo lo logra?, se preguntarán. He ahí el misterio. En ella se conjugan todos sus elementos para mejorar de forma óptima el buen funcionamiento del organismo, y esto se logra gracias especialmente a los ginsenósidos, uno de sus componentes principales. Por algo se le considera un adaptógeno: ayuda al organismo a adaptarse a los cambios del medio externo, contribuyendo a mantener el sistema inmunológico en condiciones excelentes.

Los estudiosos de esta planta recomiendan su uso a partir de los 45 años de edad. Sólo que es una recomendación variable y subjetiva, pues, existen hombres que a los 80 años no la necesitan, y otros que a los 30 les vendría como una bendición; y todo tiene que ver con el estado de salud del cuerpo. Un organismo saturado con carnes rojas, enlatados, frituras y comidas chatarras casi siempre va a responder mal a las medicinas naturistas estimulantes; mientras que una persona con la sangre limpia, liberada de impurezas, es casi seguro que no necesita del ginseng ni de similares.

El pueblo, poseedor de una imaginación fértil y próspera ha ido acumulando a través de las centurias las virtudes de esta poderosa raíz. A continuación, una lista de sus propiedades medicinales o curativas:

Digestivo, tranquilizante, estimulante xialagogo, sedativo, tonificante nervioso, gonadotrópico, expectorante, estrogénico, cardiotónico, afrodisíaco, inflamación, esplenitis, diabetes, debilidad, tos, convulsiones, cáncer, caquexia, heridas, furúnculos, arteriosclerosis, asma, anorexia, anemia, amnesia, disnea, reumatismo, rinitis, rectocele, puerperio, embarazo, náusea, menorragia, paludismo, promover la longevidad, molestias intestinales, insomnio, impotencia, dispepsia, dismenorrea, disentería, hipotensión, hipertensión, hiperglicemia, fiebre, timidez, fatiga, epistaxis, epilepsia, enterorragia, dispepsia, dismenorrea, diarreas…

Deseo aclarar -para no crear falsas expectativas-, que aun cuando una medicina posea propiedades curativas extraordinarias, no hará ningún efecto en un organismo deteriorado o que tenga lesiones orgánicas severas e irreversibles.

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Nota Publicitaria: Les dejo a mis preciados lectores una página Web perteneciente a “La Fundación Mundial Para las Ciencias Naturales”, a la cual pertenezco. En ella encontrarán información científica de la más alta calidad, referente a temas que tienen que ver con salud en general y el buen vivir: www.naturalscience.org
También mi primer blog: cronicasllaneras.blogspot.com


Zordy Rivero
Arismendi, 8-2009

lunes, 1 de agosto de 2016

VIDA SALUDABLE

¡Cuidado con la Sábila Casera!

En nuestras comunidades se le considera a la Sábila como una panacea: la planta que lo cura todo. Y tiene mucho de cierto ésta aseveración. No obstante, es bueno aclarar que existen unas trescientas especies distribuidas por todo el planeta, siendo la más conocida la Aloe Vera, Aloe Barbadensis o también llamada Aloe Vulgaris. Sólo un botánico experimentado sería capaz de diferenciar una especie de la otra. Mi recomendación es que se le dé a la sábila un uso externo, donde se obtienen excelentes resultados, especialmente en las quemaduras de piel de primer grado, causadas por el sol y el agua caliente. Que ¿cómo lo logra? A través de sus propiedades antibacterianas, antivirales, antimicóticas y de regeneración tisular, facilitadas por sus componentes enzimáticos, vitamínicos, además de muchos minerales. El ejemplo más demostrativo lo tenemos en el Maestro Jesús, quien después de haber sido bajado de la cruz, pasada las cinco de la tarde, le masajearon su cuerpo magullado y sangrante con sábila y mirra, y luego lo envolvieron en una túnica... que lo devolvió a la vida al tercer día.

Por desconocimiento o ignorancia, o por el consejo apurado de algún chamarrero no autorizado, que tanto abundan en los pueblos llaneros, hay pacientes que ingieren el cristal de sábila licuado por tiempo prolongado, sin saber que a través de dicho jarabe están metiendo en su organismo un alto contenido de látex, iodo y otras sustancias tóxicas o no medicinales. La consecuencia principal es que el remedio termina siendo peor que la enfermedad. Uno de los primeros síntomas es la pérdida de peso en el paciente: Enflaquece de manera continua y visible; los latidos del corazón se aceleran significativamente, aun en reposo. Muchos órganos internos y glándulas se alteran, mostrado un mal funcionamiento, y en especial la tiroides, quien es la que más sufre por el iodo de la sábila.

Actualmente existen laboratorios en países avanzados que envasan el jugo de sábila después de extraerle las sustancias tóxicas. Lo recomiendo confiadamente para el tratamiento de la úlceras estomacales y gastroduodenales. Muy buena para los constipados. También se consiguen presentaciones en cápsulas. Ya saben, la sábila cultivada en los patios de las casas démosle un uso exclusivo externo. Y para obtener una buena presentación en jarabe o capsula, preguntemos por la procedencia y registro sanitario del laboratorio que la procesa.

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Arismendi, 27-2009
Zordy Rivero